Tres experiencias de parroquias evangelizadoras porque “el mundo no es nuestro enemigo, sino nuestro reto”

 

El Curso de Formación Permanente Pensar la Evangelización llegó a su final con la mesa redonda Parroquias evangelizadoras: algunas experiencias concretas, en la que tres parroquias presentaron sus iniciativas evangelizadoras como ejemplo. Presidida por el obispo auxiliar de Valencia monseñor Javier Salinas y presentada por el catedrático emérito de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer Miguel Payá, se conoció en mayor profundidad la experiencia del Plan Alpha en la Parroquia de Santa Isabel de Jaén, el trabajo de la Unitat Pastoral de la Mare de Déu de Inca y las iniciativas de la Parroquia de Santa Eulàlia de Vilapicina (Barcelona).

 

Mesa redonda sobre parroquias evangelizadoras en la Facultad de Teología de Valencia

 

Francisco Carrasco, párroco de Santa Isabel de Jaén, y Miguel Ángel Amaro, laico de la misma parroquia, explicaron el trabajo que se está realizando en torno a los Grupos Alpha, un movimiento evangelizador que ya se extiende por muchas partes de Europa, especialmente en Francia. Carrasco explicó que cuando llegó, su actual parroquia “era una parroquia de mantenimiento”, en la que había muchos grupos diferentes de gente mayor “que ni siquiera se conocían entre ellos” y en la que se había perdido la participación de la gente joven. “Si seguíamos ese esquema de parroquia”, dice Carrasco, “no conseguiría muchas cosas”.

 

Como responsable también de la Pastoral Universitaria, conoció la iniciativa Alpha a través de unas estudiantes polacas y, tras los ánimos de un párroco amigo, se animó a ponerla en marcha en su parroquia. Empezaron en enero de 2015 “porque tenía claro que la parroquia tenía que tomar otro rumbo”. Desde la primera sesión conseguimos por parte de muchos “una conversión misionera” aunque también reconoce que “el primer Alpha también hizo una criba entre gente de la parroquia de toda la vida”.

 

Miguel Ángel Amaro presentó como fundamental establecer la “visión” de la parroquia, el destino último que deben tener las acciones evangelizadoras. En este sentido, el trabajo debe ir acompañado de “cinco vitaminas: alabanza/adoración, buena comunidad, carismas, discipulado y evangelización”.

 

Francisco Carrasco, párroco de Santa Isabel de Jaén

 

Junto a esas “vitaminas” las claves de su proyecto residen en:

1. La acogida: siempre estamos en clave de acogida.

2. La música: hay que cuidarla especialmente. Debe ser una música que eleva

3. Comida: tomar un café o compartir unas pastas ayuda a crear un espacio de encuentro

4. Pese a todos los problemas que nos podamos encontrar “que no nos roben la alegría” por lo que estamos haciendo.

5. La territorialidad: nos debemos a nuestros parroquianos y se hace todo para ellos.

6. Renovación sin ruptura: la parroquia debe renovarse pero sin romper con los grupos de ya existan.

7. La excelencia: todo lo que hagamos tiene que ser excelente. Hay que prepararlo todo con mucho amor, con mimo y con creatividad.

 

A partir de definir la visión de la parroquia, se han lanzado diferentes iniciativas de las que sólo nombraremos tres por lo novedosas:

1. Café 1128: el nombre es por el Evangelio de Mateo, 11:28. Es un momento de acogida y de encuentro distendido. Un encuentro donde se toma un café con amigos y música y en el que nace un interesante debate.

2. Oración 4G. Puesto que la mejor conexión es la 4G, se ha creado esta iniciativa de oración “para conseguir la mejor conexión con Dios. Es un momento de oración semanal para el equipo de evangelización pero abierto a todo el mundo”.

3. Hospital de la Misericordia “en el que le hemos dado la vuelta a Cáritas”. En él “hemos visto auténticos milagros” de conversión.

 

Con acciones como éstas, y muchas otras como el cuidado especial de la Eucaristía, han conseguido que más de 200 personas ya hayan vivido el Alpha en la Parroquia de Santa Isabel y se la logrado “la incorporación a la vida parroquial de un gran número de personas”. En la actualidad se dirigen especialmente a los “fieles del barrio y a los padres de los niños que empiezan la catequesis”.

 

Antoni Vadell, Vicario Episcopal para la Evangelización del Obispado de Mallorca, nos presentó  la Unitat Pastoral de la Mare de Déu, en Inca. A partir del Éxodo del pueblo de Israel, en el que muchos perdieron la fe en Dios pero otros muchos se mantuvieron fieles, plantearon que la Iglesia en Mallorca se encuentra ahora en una situación parecida, la de una “Iglesia pequeña y pobre”. Si la respuesta del pueblo de Israel fue cuidar la fe, “quizá esa es ahora nuestra gran misión. Debemos cuidar la fe y hacer memoria de por qué somos Iglesia y por quién lo hacemos”, dijo Vadell.

 

Para conseguir eso, “hay que cuidar el clima comunitario, algo que se consigue  a través de las parroquias y los diferentes movimientos de cada una de ellas”. La Unitat Pastoral de Inca nació como la mejor manera para dar respuesta a las necesidades de esas parroquias y movimientos. Engloba ocho parroquias de la zona del Raiguer, con tres sacerdotes y un diácono, "además de una secretaria que resulta imprescindible". Eso sí, “la Unidad de Pastoral no es simplemente una manera de organizarnos porque somos pocos sacerdotes, sino que se trata de una nueva fisonomía de la Iglesia” en unos momentos en los que estamos como en el “destierro de Babilonia”.

 

Antoni Vadell, rector de la Unitat de Pastoral de Inca

 

Para Antoni Vadell, la Unitat Pastoral “da respuesta a unas comunidades muy pequeñas que necesitan sentirse parte de una Iglesia más grande”. La iniciativa “responde a la situación geográfica de la fe”. Recalcó que los problemas que tiene la Iglesia en la actualidad deben servir para “tratar de descubrir oportunidades en la actual situación”. Y eso es lo que ha supuesto la Unitat Pastoral de la Mare de Déu. “Somos una agrupación de parroquias en comunión. No somos un equipo de curas y un diácono al servicio de unas comunidades autónomas”.

 

Su misión es “que todos los cristianos puedan vivir la fe”. En Inca, por ejemplo, donde hay tres parroquias, "yo siempre digo que se trata de una sola comunidad cristiana con tres portales”. La Unitat de Pastoral “posibilita unas condiciones de trabajo que antes no eran posibles o necesarias. Responde a una nueva geografía pastoral”. Comenta Vadell que ahora “el acento no está en el párroco como centro de todo, sino en la comunidad. De hecho, la comunidad es la presencia de la Iglesia en cada pueblo”.

 

No obstante, las parroquias mantienen su autonomía y cada parroquia tiene un referente, que “no es el párroco sino un miembro del equipo”. Precisamente la unidad de ese equipo nos convierte en ejemplo: “los sacerdotes del equipo nos hemos convertido en un signo de comunión”.

 

Explica el rector de la Unitat de Pastoral de Inca que “cada sacerdote tiene la responsabilidad de diferentes temas transversales” y se concreta de forma conjunta la pastoral con los colegios, los movimientos, el hospital. En definitiva “la unidad de pastoral es un signo que aglutina”. Antoni Vadell insistió en la necesidad de visualizar algunos momentos de esa unidad. Lo han hecho en celebraciones importantes como el miércoles de ceniza o la Vigilia Pascual o momentos como en el Jubileo de la Misericordia o en la formación de catequistas.

 

Finalmente, puso el énfasis en diferentes claves: “cuidar la fe de la comunidad, cuidar la fe de los agentes de evangelización y cuidar especialmente la liturgia”.

 

El último párroco en tomar la palabra en la mesa redonda fue Felip Juli Rodríguez, párroco de Santa Eulàlia de Vilapicina, y Delegado Diocesano del Catecumenado. Rodríguez considera “imprescindible la presencia del sacerdote en la pastoral” y en este sentido los diferentes movimientos parroquiales “han de sentir la presencia real del sacerdote junto a ellos”. Desde su experiencia en tres parroquias diferentes, afirma categóricamente: “Creo en la parroquia, creo en el trabajo del equipo presbiteral basado en la diversidad de procedencias y espiritualidades, creo en la riqueza de cada miembro de la comunidad parroquial y en sus posibilidades y creo que de las cenizas puede surgir la vida”.

 

Felip Juli Rodríguez, párroco de Santa Eulàlia de Vilapicina

 

Desde este planteamiento considera que hay que “orientar toda la pastoral parroquial en clave de evangelización” y es importante “dar a conocer la actividad parroquial a todas la personas de la demarcación parroquial”. Un ejemplo: a su llegada a Masnou buzoneó con 10.000 folletos todas las fincas del barrio para dar a conocer los horarios de la Semana Santa y su significado. Así “aparecieron personas nuevas” en la parroquia.

 

Para Felip Juli Rodríguez es importante “oxigenar los círculos de colaboradores habituales, pasar del siempre a la oportunidad única en el momento de encuentro con alguna persona, familia o institución” que pide la ayuda o colaboración con la parroquia. Afirma que “el mundo no es nuestro enemigo, sino que es nuestro reto, nuestra misión”. También insistió en el hecho de “mantener la independencia parroquial de cualquier opción política o ideológica” y apuesta por una “relación honesta con las instituciones locales”.

 

Desde su perspectiva “la comunión eclesial no es solo una fórmula de fe, es también una práctica” y apoya “la vida en común de equipos sacerdotales porque la unión del equipo sacerdotal es nuestra mejor carta de presentación”.

 

Rodríguez  también presentó la iniciativa que ha desarrollado en cada una de las parroquias en las que ha tenido responsabilidad. Se trata de la Catequesis en Familia que nació como respuesta a un encuentro centrado en la reflexión sobre la catequesis. En dicho encuentro se plantearon diversas ideas. “No podemos pensar la catequesis al margen de un plan pastoral más amplio con perspectiva evangelizadora y misionera”, dijo, “no podemos plantear una catequesis que no se sitúe en el corazón mismo de la comunidad cristiana. Necesita un ámbito vivencial”. Teniendo en cuenta que continua siendo prioritaria la catequesis de adultos, “ya no podemos pensar la catequesis de niños sin pensar con los padres”.

 

En este sentido, la principal iniciativa concreta que se ha iniciado ha sido ofrecer una elección a las familias en la catequesis de comunión. Se da a las familias la posibilidad de sustituir las reuniones semanales, sólo con los niños, por una catequesis, por ejemplo mensual, en la que participará toda la familia y que englobará oración, reflexión, comunidad y liturgia. Si la familia no quiere eso, se ofrece la catequesis tradicional. El resultado ha sido sorprendente y positivo hasta llegar al hecho de que en la Parroquia de Santa Eulàlia de Vilapicina “ya existen más familias que acuden a la catequesis en familia que a la otra”.

 

Finalmente, Felip Juli Rodríguez recomendó la lectura de un libro que ha supuesto un nuevo planteamiento en la evangelización. Se trata de la obra Una renovación divina. De una parroquia de mantenimiento a una parroquia misionera, del reverendo canadiense James Mallon. Muchos otros ponentes han hecho mención a este libro durante el Curso de Formación Permanente.

 

Monseñor Javier Salinas cerró la mesa redonda insistiendo en que “es muy importante tener una visión de hacia dónde vamos y qué queremos”.  Y recalcó que, ante los problemas que nos aparecen cuando hablamos de concretar en acciones la evangelización “hay que mirar a nuestro alrededor. Seguro que para la preocupación que nos puede surgir, alguien ya ha encontrado un método para solucionarla o hacerle frente. Hay que empezar por ahí y que no nos importe copiar lo que funciona en otros sitios”.

 

Salinas agradeció a la Facultad de Teología el reto que supone “ponerse al frente de la formación del clero” con cursos como el que se ha realizado durante los meses de enero y febrero. Estas iniciativas de reflexión “forman parte de ese equipaje necesario para todos nosotros en estos momentos de búsqueda, en momentos en los que hay que confirmar lo que somos”, comentó.

 

EN ESTE ENLACE PUEDES DESCARGARTE LA MESA REDONDA COMPLETA



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