Obispo Munilla: “Hay que dejarse querer por Dios”

 

 

La primera sesión de los Diálogos de Teología Almudí 2017 congregó a un gran número de personas en el salón de actos de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. No era para menos porque las conferencias organizadas entre la Biblioteca Sacerdotal Almudí y la entidad universitaria valían la pena. El primer ponente fue Monseñor José Ignacio Munilla, Obispo de San Sebastián y uno de los teólogos españoles con mayor influencia en la actualidad gracias, entre otras cosas, a su gran actividad en los medios de comunicación y en las redes sociales (acumula más de 29.000 seguidores en twitter).

 

Monseñor Munilla hizo su exposición bajo el título De la emergencia afectiva al amor maduro en Cristo, y la planteó como una continuación a la conferencia que ofreció en noviembre de 2012 en el marco del Primer Congreso Nacional de Pastoral Juvenil que se celebró en Valencia.

 

Partió de la base de que “solo en Jesucristo alcanzamos la madurez humana” y teniendo claro eso insistió en que son igual de importantes “la emergencia afectiva como la emergencia educativa”. Sería un error tanto pensar que abordar la Evangelización en la actualidad “es sólo un problema de educación en los ideales y que los temas afectivos son secundarios”, como creer “que las ideas no mueven la vida y que lo único importante son los retos afectivos”.

 

Habló de “la herejía de nuestros tiempos” como “la contraposición de lo racional y lo afectivo, entre la verdad y la caridad”, en definitiva “una versión parcial de las virtudes teologales, como si hubiese que elegir entre verdad y misericordia”.


Considera el Obispo de San Sebastián que existen tres heridas principales en la sociedad actual:


1. El Narcisismo. Es “la incapacidad de amar a un tú distinto de mi yo”. Es contrario a la vocación del amor que se encuentra en el Evangelio.

Precisamente “una de las grandes ofertas del evangelio es el anuncio incondicional del amor de Dios”. El Evangelio también ofrece “la integración de la mística y de la ascética. La ascética sin la mística es puro voluntarismo. La mística sin la ascética es una broma”. En tercer lugar, el Evangelio presenta “la entrega servicial a las víctimas verdaderas de esta sociedad”. Y esta entrega que “nos devuelve a la realidad y limita nuestro narcisismo”.


2. El Pansexualismo. Supone un “bombardeo del erotismo”. Además, para Monseñor Munilla “produce adicciones que están haciendo sufrir mucho a muchos”. “Amar es darse”, dice Munilla, “y para poder darse hay que poseerse. Si uno no es dueño de sí mismo cómo se va a dar”. “Hemos cambiado el pan y circo de los romanos por el sexo y el fútbol o por el sexo y el iphone”.

En este sentido, la respuesta del cristianismo es “redescubrir la virtud de la castidad como íntimamente ligada a la libertad”. La castidad es algo bello porque “integra el amor, la afectividad y la sexualidad” y “nos han metido un gol” al decir que “eso es lo rancio” cuando en realidad es hermoso. De ahí la importancia de los cursos de formación “afectivo-sexual” que ofrece la Iglesia para educar en la afectividad ya que las administraciones no lo hacen.


3. La Desconfianza. “Supone una inseguridad tremenda y está acompañada de una inseguridad de confiar en los demás”, comenta. El síndrome de la desconfianza “es el no te fíes de nadie” y “la vida pensando eso es malísima”. Para José Ignacio Munilla “la crisis de la familia y del matrimonio es uno de los orígenes de este síndrome”.

Nuestra respuesta ha de promover “la importancia de vivir experiencias de comunión en el seno de la Iglesia”. Se trata de promover “la amistad cristiana” de la que habló San Agustín y los acompañamientos espirituales. También habló el Prelado del “Evangelio del abandono en la providencia, que nos hace capaces de vivir una confianza que nos ayuda a superar nuestros miedos”.
Añadió Munilla que se produje una paradoja: “las heridas afectivas impiden amar pero sólo se pueden sanar amando”. “Es maduro en el amor el que posee dos certezas”, dice. La primera de esas certezas es “la conciencia de ser amado incondicionalmente”, que nos da seguridad y autoestima. La segunda certeza es “la conciencia de la vocación al amor. Yo he nacido del amor y mi vocación es al amor”. Por lo que “mi realización va a ser dándome en el amor”. Para el ponente “es maduro en el amor el que ordena su vida teniendo claras esas dos certezas”.
A partir de ese momento, hay que estar alerta porque existe el riesgo de la búsqueda de falsas compensaciones o apegos que pretenden esconder la frustración de no vivir en plenitud la vocación al amor”.

 

 

A juicio de Monseñor “las renuncias de la vida son posibles cuando la motivación del amor es la que impera. De lo contrario, esas renuncias o sacrificios serán compensados secretamente, por la puerta de atrás”. Además esas compensaciones “suelen ser disimuladas en un primer momento”, pero irán “in crescendo”. “Cuando uno no disfruta de su vocación al amor se busca compensaciones”, añadió. Esas compensaciones son un mecanismo de defensa ante la infelicidad. Tipos de compensaciones: el apego afectivo, afirmación del yo o ansia de poder (el aquí mando yo), la autorrealización carrerista (estudiar más, trabajar más para evitar llegar a casa…), el mal genio o el mal humor (como no amo, no disfruto, estoy amargado…), desequilibrios sexuales o falta de dominio en la castidad, necesidad de llamar la atención…

 

Por ello “hay que detectar esos signos de compensación para que volvamos al amor y nos afiancemos en las grandes certezas que mueven nuestra vida, en el ser amado y en el amar”.


La respuesta ante todo esto es “la conversión”, dice Munilla, “que rompe con la mediocridad y nos permite amar con plenitud”. Pero además aportó tres claves: 


1. No basta con ser sincero, sino que es necesario ser verdadero. Hay que descubrir la razón última de esas compensaciones.


2. No conformarse con la perseverancia sino tener como objetivo la fidelidad. Ser fiel es estar en el corazón de la vocación al amor.


3. Descubrir la clave sobrenatural del amor humano.

 

También presentó cuatro pilares que, a su juicio, determinan el equilibrio afectivo de un sacerdote:

 

1. Su relación directa con Jesucristo, su esponsalidad con Jesucristo.

 

2. La entrega pastoral de un sacerdote con aquéllos que se le han entregado. No está llamado sólo a servirles, sino también a amarles.

 

3. La relación con su familia: de su relación con esa familia el sacerdote también vive su afectividad.

 

4. La fraternidad sacerdotal.



Para acabar su exposición, José Ignacio Munilla insistió en el hecho de “dejarse querer por Dios” además de asegurar que “existe esperanza en la reparación. El corazón no es de quien lo rompe, sino de quien lo repara. El corazón es de Jesucristo”.

 

 

Tras el Obispo de San Sebastián tomó la palabra, en esta primera sesión de los Diálogos de Teología Almudí 2017, María Calvo, profesora de Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid, que leyó la ponencia Alteridad sexual: aproximación científica.

 

 

Calvo planteó la problemática de la ideología de género en la sociedad actual, un planteamiento que “niega la existencia de una raíz biológica en la masculinidad y feminidad”. Dicha ideología “niega la verdad de la alteridad sexual”.

 

Desde el punto de vista de la ponente “cuando se niega esa diferencia, pierde sentido el matrimonio, la familia o las formas clásicas de reproducción”, entre otras consecuencias que tienen, como finalidad, la propia “deconstrucción del ser humano”.

 

Recordó María Calvo que la ideología de género llega a manipular incluso el lenguaje, eliminando palabras, y “basa su justificación en los supuestos principios de igualdad y libertad”.

 

Considera la profesora que dicho movimiento se asienta “en el relativismo pero se alimenta de un dogmatismo blindado”. Al relativismo “se une un profundo emotivismo” y produce una ruptura con todo lo que tenga que ver con la razón. “Sólo vale lo que yo siento”, explicó la ponente y “se deja todo al albur de los sentimientos, algo bastante arriesgado” puesto que los sentimientos de las personas cambian con los años, por las circunstancias o por las relaciones que establecemos.


La ideología de género “da lugar a la muerte de la razón. Ya no es el atrévete a pensar, sino el atrévete a sentir” y todo ese movimiento se ha plasmado “en derechos que responden a sentimientos individuales (derecho al aborto, a la eutanasia...). 


Esta priorización de los sentimientos sobre la razón, en la que “no importa tanto la moralidad como la funcionalidad”, ha supuesto la muerte de Dios, incluso “la muerte de la ciencia” puesto que la ciencia demuestra que existen diferencias entre los hombres y las mujeres. “Los ideólogos de género niegan esas diferencias”, dice María Calvo, porque desde su planteamiento “la ciencia no puede decidir sobre mis sentimientos y sobre mis deseos”.


Todo ello conlleva “una crisis de civilización” porque “si eliminamos el uso de la razón, si muere Dios o eliminamos los avances científicos eliminamos todo nuestro pasado”, todo lo que somos.


También considera la profesora que esta ideología “supone una corrupción del feminismo” puesto que “el feminismo de equidad ha dado paso a un feminismo funcional”.

 


Tras repasar los orígenes y la evolución de la ideología de género hasta nuestros días, Calvo afirmó que se trata de “una ideología normativa, imperativa y, por desgracia, cada vez más intolerante”.


María Calvo abogó por promover “una nueva revolución sexual en la que se exija la protección de la naturaleza humana, que implique un nuevo humanismo y un nuevo disfrute de la vocación de amar”, que no se confunda únicamente con el sexo. Esta nueva revolución sexual tendrá que “defender la existencia de un dimorfismo sexual, la existencia de una alteridad sexual, y que no nos separa ni nos hace distantes sino que nos complementa y nos equilibra como seres humanos”.

 

DESCARGA AQUÍ LAS DOS CONFERENCIAS COMPLETAS DE LOS DIÁLOGOS DE TEOLOGÍA ALMUDÍ 2017



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