Mons. Enrique Benavent: «Ratzinger no se sometió a estereotipos; quien haga una utilización ideológica de su pensamiento, empobrece su figura»

Mons. Enrique Benavent: «Ratzinger no se sometió a estereotipos; quien haga una utilización ideológica de su pensamiento, empobrece su figura»

La Facultad de Teología San Vicente Ferrer de la Universidad Católica de Valencia (UCV) ha acogido la presentación en Valencia del libro El Señor nos lleva de la mano. Homilías privadas de Benedicto XVI (Ediciones Encuentro, 2025), editado y compilado por el jesuita Federico Lombardi, presidente de la Fundación Vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, en un acto que se ha celebrado en la sede Trinitarios y que ha reunido a académicos y responsables eclesiales para dar a conocer esta obra centrada en textos inéditos del papa alemán.

En el acto ha participado Mons. Enrique Benavent, arzobispo de Valencia y gran canciller de la UCV, quien ha ensalzado con firmeza lo que Ratzinger representó para la Iglesia: “Era un hombre que no se sometía a estereotipos, no había nada de ideología en su comprensión de la fe, en su manera de presentarla. Era su ser creyente, su entendimiento de la fe, lo que determinaba su manera de pensar; así que toda utilización ideológica que quiera hacerse de sus palabras lo único que consigue es empobrecer su pensamiento y su figura”.

“No hemos descubierto aún toda la grandeza de Benedicto XVI. Estamos en el mundo de lo inmediato, de lo que tiene una eficacia y unos resultados rápidos, pero los frutos de una figura tan grande como la de Ratzinger se verán con el paso del tiempo. Serán, seguramente, mucho más grandes de lo que imaginamos ahora”, ha asegurado Benavent.

En ese sentido, el gran canciller ha afirmado que, leyendo al pontífice germano, le resulta “inevitable” compararlo con los Padres de la Iglesia: “Creo que se ve claramente su gran aportación como teólogo. Nunca hizo una teología como un gran sistema; sus homilías tenían una lógica interna, exponía intuiciones iluminadoras, profundísimas; pero, a la vez, estaban siempre orientadas a hacer comprensible la fe al hombre coetáneo. Ratzinger y los Padres eran pastores porque hacían comprensible la fe y predicaban para que el pueblo de Dios creciera en santidad. Podríamos decir que Benedicto XVI fue como un padre de la Iglesia en los siglos XX y XXI”.

“Las homilías de Ratzinger son la antítesis de una actitud fideísta”

En opinión del gran canciller, “la predicación fue siempre una preocupación de Ratzinger, incluso antes de ser obispo. Siempre le preocupó la teología, no por mera erudición, sino como un servicio a la Palabra, a la predicación. Lo vivió a lo largo de toda su vida ministerial, desde su ordenación como sacerdote hasta estas últimas homilías, que son, podríamos decir, homilías de madurez”.

“Cuando uno lee homilías suyas de cualquier época, se perciben dos constantes. En primer lugar, que él no predica la Palabra al margen de una visión racional de la realidad de nuestro mundo, del análisis casi filosófico de esa realidad. Razón, eso sí, siempre iluminada por la fe. Sus homilías son la antítesis de una actitud fideísta. Él predica la Palabra para el mundo en que le toca vivir, como los Padres de la Iglesia predicaban la Palabra para el suyo”, ha remarcado.

La segunda constante de homilías de Ratzinger, según Benavent, es que “casi todas contienen un toque de erudición. Siempre aprendes cosas leyéndolas. Pero, en su caso, se trata de una erudición vivida con humildad, sin alarde de orgullo. Sus palabras buscan una comprensión más profunda de la Palabra de Dios y muestran una sabiduría al servicio de la predicación”.

Santiago Pons: “En su intuición sobre el futuro eclesial, habló de una Iglesia más pequeña. Pero la minoría no es refugio, sino levadura”

En la presentación de El Señor nos lleva de la mano ha participado también el decano de la Facultad de Teología de la UCV, Santiago Pons. Desde su punto de vista, este nuevo libro permite ver “cómo la intuición de Ratzinger sobre el futuro de la Iglesia, que expresó en los años setenta, se realiza silenciosamente en la vida real: la Iglesia del futuro será más pequeña, despojada de privilegios, convertida en una comunidad de decisión libre”.

“Podríamos decir que esa intuición se cumple de modo concreto en esta obra. Las homilías del papa emérito están dirigidas a un pequeño rebaño, a una pequeña familia pontificia; pero precisamente ahí se juega, para él, la fecundidad de la Iglesia: en las victorias discretas y secretas de Dios, en esos hombres y mujeres humildes que ofrecen cada día su servicio a la verdad y a la caridad. La minoría no es refugio, sino levadura”, ha aseverado.

Así, Pons ha aducido que estas prédicas de Ratzinger permiten “asomarse, casi de puntillas”, a la “levadura interior” de su fe: “Son una presentación de Benedicto XVI en su forma más propia: el teólogo que piensa de rodillas, el pastor que predica como quien reza, el creyente anciano que, mientras se apaga su voz, sigue llevando a la Iglesia de la mano hacia el centro, que es Cristo, para que el hombre, empezando de nuevo a ver a Dios, pueda ser curado”.

“Es un testamento espiritual de Ratzinger. En estas páginas se entrecruzan su última etapa vital y la forma madura de su teología”

El decano de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer ha explicado que en las homilías de El Señor nos lleva de la mano, Benedicto XVI “diagnostica con una lucidez casi dolorosa el gran problema de nuestro tiempo: el analfabetismo religioso, el no conocimiento de Dios, su «ausencia del horizonte humano», como lo describe él. Y afirma que, para una renovación del mundo, antes que cualquier otra reforma, es fundamental una nueva presencia del conocimiento de Dios”.

“Para él, la verdadera reforma pastoral no comienza en la ingeniería de estructuras, sino en la recuperación de la adoración, de la visión de Dios que cura al hombre y reordena el mundo. Algo semejante ocurre con lo que hoy denominamos sinodalidad. Ratzinger no utiliza este término, pero toda la situación en la que predica es profundamente sinodal: una pequeña asamblea dominical que escucha la Palabra, celebra la Eucaristía, discierne la historia y reza junta”, ha añadido.

Pons ha indicado también que hay “algo de testamento espiritual” en este libro póstumo: “En estas páginas se entrecruzan esa última etapa vital de Ratzinger ­–entre 2005 y 2017, en un arco que va desde los ochenta hasta los casi noventa años– y la forma madura de su teología. Lo decisivo para entender este libro es que no se trata de material de descarte, sino de homilías que constituyen la forma más depurada de su modo de hacer teología: partir de la Escritura, atravesar la tradición viva de la Iglesia y desembocar en las preguntas concretas del presente”.

Un momento de la presentación

Agustín Domingo: En estas homilías «nos encontramos con ideas, buenos argumentos, buenos comentarios y expresiones de elevada teología»

Junto a Benavent y Pons, también han intervenido en el acto el catedrático de Filosofía Moral de la Universitat de València (UV) Agustín Domingo. Su aportación estuvo relacionada con la dimensión intelectual de Joseph Ratzinger, «este importante personaje en tiempos de transición». «Aunque podemos hablar de varias transiciones como la cultural, la social y la política, me interesa detenerme en el protagonismo de su figura intelectual para pensar lo que podemos llamar transición eclesial, en qué medida fue un protagonista importante en el tránsito de la Iglesia del siglo XX a la Iglesia del siglo XXI», ha dicho Domingo Moratalla.

Un repaso rápido a los acontecimientos filosóficos y culturales que le tocó vivir a Ratzinger podría contribuir, a juicio del conferenciante, «a la desolación de cualquier persona mínimamente sensible a su tiempo»: el ascenso del nazismo, la guerra y la posguerra, vivir con el muro, el aire fresco en la Iglesia con el Concilio Vaticano II, las nuevas coordenadas geopolíticas, la muerte del hombre en el estructuralismo filosófico, la crisis de las ciencias europeas, la crisis de las humanidades, el triunfo del cientificismo, el cosmopolitismo desarraigado, el atomismo antropológico… «Al leer estas homilías privadas descubrimos la frescura de alguien soportado por el principio y el fundamento de la fe, apoyado en un Dios, infinito amor, que se ha encarnado en el nombre de Jesús Cristo» ha afirmado Agustín Domingo.

Ha explicado el Catedrático de la UV que las homilías que se leen en la obra «son expresiones y ejercicios de una razón abierta, de una fe que busca la razón, porque no son textos piadosos para mantener la religiosidad comunitaria». Además, aunque «recoge homilías de un papa ya muy mayor, nos encontramos con ideas, buenos argumentos, buenos comentarios y expresiones de elevada teología». A juicio de Agustín Domingo, «Ratzinger no ha dejado de ser teólogo porque sus comentarios están llenos de lógica, llenos de claridad y algo muy importante, razonabilidad de la experiencia del encuentro con Dios. Estas homilías, como el resto de su obra, son un modelo de lo que podemos entender como razón abierta. Por cierto, un bien escaso y cada vez más necesario tanto dentro como fuera de la iglesia».

«Aunque sean homilías privadas», ha acabado el ponente, «siguen nutriendo la argumentación y la reflexión pública que debemos hacer como cristianos en nuestro correspondiente tiempo litúrgico. Tanto creyentes como no creyentes encontrarán en ellas argumentos interesantes para madurar la fe o la permanente búsqueda de sentido».

Domingo Pacheco: Al leer estas páginas somos invitados a dejar nuestras preocupaciones y a participar de ese juego divino de la salvación

Domingo Pacheco, director de la Cátedra de Teología Joseph Ratzinger de la Universidad CEU Cardenal Herrera, ha señalado, por su parte, que estas homilías perteneces a un «Papa Emérito frágil y vulnerable» que no hablaba a las masas «sino que se situaba como aquel padre que parte la palabra a sus hijos». «En este entorno doméstico ese puente casi se vuelve oración y meditación compartida, es la teología hecha susurro donde el gran maestro de la Iglesia se convierte en el padre que explica el misterio a su familia como testigo».

«En estas homilías resalta que la escritura no es un acontecimiento del pasado: por la acción del Espíritu Santo, la palabra se hace actual», ha comentado Pacheco. «El papa emérito insiste en que donde el conocimiento de Dios se convierte en realidad, el mundo se reconcilia. La escucha no es pasiva, es una escucha que se convierte en acción. La vida del creyente, a menudo fragmentada, encuentra su sentido en esta presencia que nos sale al encuentro».

El director de la Cátedra Joseph Ratzinger ha destacado también que a lo largo del libro «vemos cómo el papa resalta la Eucaristía como una unión que prolonga la acción de Cristo más allá de la propia misa». Se ha detenido el ponente en un «detalle conmovedor». En el momento que recibimos el sacramento de la reconciliación el Señor dice «vuelvo a empezar contigo, tu pasado ya no vale, ahora hay un presente nuevo. Es el triunfo de la gracia en la biografía del creyente».

Ha añadido el ponente señalando que una tesis fundamental del pensamiento de Ratzinger es que «la grandeza del ser humano no está en aquello que pueda hacer, no está en las cosas que pueda tener, sino que está propiamente en lo que es». «Este libro no es sólo una recopilación de textos, yo diría casi que es también como un testamento espiritual de un hombre que quiso vivir lo que predicaba desde todos los ministerios que había recibido a lo largo de su vida y desde su propia vida».

«Al leer estas páginas cada uno de nosotros somos invitados a dejar nuestras preocupaciones y a entrar un poco en un momento, en un paréntesis, participando precisamente de ese juego divino de la salvación con toda la seriedad que este juego requiere». ha concluido.

Entre los asistentes del acto han estado el obispo auxiliar de Valencia Mons. Fernando Ramón, el vicario general de la Archidiócesis de Valencia, Vicente Fontestad; y el rector de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Higinio Marín.

2026-03-26T12:59:59+00:00 25-marzo-2026|Sin categoría|Comentarios desactivados en Mons. Enrique Benavent: «Ratzinger no se sometió a estereotipos; quien haga una utilización ideológica de su pensamiento, empobrece su figura»