La Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia y la Biblioteca Sacerdotal Almudí celebraron la XXVII edición de los Diálogos de Teología, un espacio de encuentro y reflexión pastoral que en esta ocasión abordó un reto decisivo para la Iglesia contemporánea: Acompañar el descubrimiento de la fe en un contexto de profundos cambios culturales y sociales.

Coordinada por Jesús Gil, Jorge Molinero, Raúl Navarro, Santiago Pons —decano de la Facultad de Teología— y Vicente Botella OP -vicedecano de la Facultad-, la jornada partió de un diagnóstico de esperanza. Tras años de aparente secularización o repliegue de lo religioso, se constata hoy —especialmente entre los jóvenes— una renovada búsqueda de sentido, verdad y trascendencia. Sin embargo, esta inquietud frecuentemente no transita por las estructuras eclesiales heredadas.

Para iluminar esta realidad, los Diálogos ofrecieron tres intervenciones complementarias a cargo de la psiquiatra y neurocientífica Pilar de Castro Manglano, el teólogo y catequeta Miguel López Varela, y el teólogo y pastoralista Fulgencio Espa Feced. Fueron presentados por Raúl Navarro y a continuación se produjo una mesa redonda moderada por Fernando Mañó.

La sesión se desarrolló el miércoles 28 de octubre de 2026 en la capilla de la sede de Trinitarios de la Universidad Católica de Valencia.

¿Qué se espera de los sacerdotes? Las virtudes que ayudan a la acogida

Pilar de Castro, desde su especialidad en psiquiatría y neurociencias, centró su intervención en el primer contacto con la persona que busca a Dios, defendiendo que la acogida humana y la salud del pastor son indispensables para que la gracia trascienda.

De Castro Manglano ilustró cómo una breve conversación en la puerta de la parroquia puede abrir o cerrar la puerta de la fe durante años. Para acoger de forma auténtica, el sacerdote necesita liberarse primero de sus propias saturaciones: «La acogida es el primer paso… Yo no puedo acoger si mi vaso está lleno, lleno de cosas. Tengo que estar vacío de mis problemas, de mis cosas, para poder estar disponible. Y esa es la vida de cada uno de los sacerdotes: estar disponibles es ser capaz de, conociéndonos, ser capaces de llenarnos del que de verdad nos llena, que es Cristo».

La ponente presento al sacerdote como un «médico de almas». Al analizar la identidad sacerdotal, destacó que los pastores son instrumentos transparentes a través de los cuales la comunidad percibe el rostro de Dios: «Ustedes son Cristo que pasa para cada persona, y son el primer paso para el encuentro con Cristo. El cristianismo no es una ideología, no es una cultura, aunque se haga cultura: es el encuentro con Jesucristo… Los sacerdotes debéis ser como esas vidrieras que dejan pasar la luz de Dios, y que trasluzcan a Dios con sus palabras y con su vida, que den ese calor de hogar donde uno quiera siempre volver0».

Evocando el diálogo de Jesús con la Samaritana, la psiquiatra explicó que en todo encuentro interpersonal operan tres conversaciones simultáneas: lo que se dice o hace, lo que se siente (que refleja las necesidades profundas) y el significado atribuido a la relación. Asimismo, alertó frente a la tendencia contemporánea a psicologizar la vida espiritual puesto que «estamos en una sociedad en la que se ha dado prioridad al sentimiento y a las emociones». En este sentido, si damos prioridad o primacía a lo emocional «no estamos dando primacía a la libertad. La libertad viene por la razón, no por la emoción… Así como la psicología es egocéntrica y centra a la persona en su ‘yo’, el cristianismo saca a la persona de estar atrapada en ella misma y la lleva a salir al encuentro de otros y de Dios».

Pilar de Castro destacó la importancia que tiene el «cuidado integral» del sacerdote. Es necesario cuidar el cerebro y la salud mental de los pastores, fomentando el descanso o las comunidades de amistad sacerdotal sincera.

También insistió en el hecho de que el sacerdote, cuando se acerca alguien en busca de ayuda, haga la función de «espejo espiritual»: consiste en tratar de ayudar a esa persona a conocerse a sí misma, «desglosando las falsas heridas para acceder a la verdadera causa de su sufrimiento».

Otro aspecto a tener en cuanta es la igualdad efectiva entre hombres y mujeres: ambos sexos poseen la misma sensibilidad y necesidad de ser amados, aunque difieran en su corporalidad y lenguaje comunicativo.

Finalmente, la doctora De Castro Manglano apostó por la paciencia y gradualidad. Esto consiste en «respetar las etapas de maduración de cada persona» sin pretender desvelar toda la verdad de golpe.

¿Todo despertar religioso es cristiano? Del primer anuncio al catecumenado

Miguel López Varela, delegado para el catecumenado y director del Secretariado Diocesano de Catequesis de la Archidiócesis de Santiago de Compostela y vicepresidente de la Asociación Española de Catequetas, abordó la diferencia entre el mero interés por lo sagrado en la cultura postsecular y la adhesión personal a Jesucristo en el seno de la Iglesia.

«Los cristianos no nacen, se hacen». Recuperando la conocida afirmación de Tertuliano, López Varela constató que el entorno social actual ya no transmite la fe por inercia cultural, lo que exige una reorientación misionera de las estructuras parroquiales: «Los cristianos no nacen, ni nacen en un contexto social cristiano, ni en una familia cristiana, ni siquiera en una parroquia cristiana. Hoy ya no hay que dar por supuesta esta inercia. Los cristianos se hacen. Y se hacen a partir, justamente, de este despertar religioso».

El teólogo compostelano advirtió que no es suficiente conformarse con suscitar emociones espirituales en los jóvenes. El anuncio inicial necesita prolongarse en itinerarios de formación catecumenal: «Hoy no tenemos que dar por supuesta la fe… Tenemos que provocar, generar, ayudar a Dios a abrir de cero esa puerta de la fe».

«Si el primer anuncio engendra la fe y la conversión primera, la catequesis y el catecumenado tendrán la tarea de gestarla, de darle continuidad en ese seno materno de la Iglesia, mientras que los sacramentos de la iniciación cristiana ayudarán a alumbrarla», afirmó López Varela.

En una análisis del estado actual de la acción pastoral, el ponente hizo un llamamiento a no malgastar energías administrativas gestionando la escasez de recursos o de personal. Desde su punto de vista hay que simplificar para priorizar el Evangelio: «A mayor precariedad, mayor sofisticación en la gestión de la precariedad… Simplificar significa ir a lo esencial, extraer lo que ha sido contingente e histórico y, sobre todo en nuestro caso particular de los sacerdotes, poder buscar y forzar los tiempos para el anuncio, el acompañamiento y los sacramentos».

Invitó el ponente a volver poner el encuentro en el centro de la reflexión y el estudio sobre Dios (la teología), recordándonos qué es lo verdaderamente esencial: la fe vivida es como la «sorpresa de un encuentro personal» e imprevisto con la gracia de Dios.

Insistió en la «insuficiencia» del mero despertar religioso. Se hace necesario pasar de la simple inquietud espiritual a la vinculación sacramental y comunitaria. Y aludió a la «audacia al estilo de San Pablo». Consistiría en priorizar la fundación de comunidades vivas y confiar en la acción del Espíritu Santo por encima de la hipertrofia organizativa.

Del anuncio y el catecumenado al discipulado: el tiempo es siempre un aliado

Fulgencio Espa Feced, doctor en Teología, párroco de Santa María de Nazaret en Madrid (en el Ensanche de Vallecas) y autor de reconocidas obras de espiritualidad como Con él y siempre con él, expuso las bases de una pastoral capaz de dar fruto duradero, superando los modelos utilitaristas o empresariales.

Espa contrapuso la gratuidad del amor evangélico a los planteamientos pastorales que buscan rendimientos o resultados inmediatos: «Una pastoral generativa, en síntesis, sería aquella que es capaz de dar a luz hijos de Dios. Se entronca en un modelo de donación, porque es la donación la que da a luz, de modo que la pastoral es una dinámica de donación en la que el amor rige nuestra conducta… No es un modelo de inversión donde invierto tales medios para obtener tales rendimientos. Acompañar el descubrimiento de la fe es hacer descubrir la gratuidad y la gracia».

Consideró el ponente que el tiempo es un factor indispensable de maduración. Apoyándose en las parábolas agrarias del Evangelio y citando al sacerdote italiano Fabio Rossini, el sacerdote madrileño defendió la necesidad de paciencia en los procesos de acompañamiento espiritual: «Generatividad en cualquier aspecto de la vida requiere tiempo. Un embarazo requiere tiempo, el crecimiento de un roble requiere tiempo». Insistió en que «la prisa no es amiga de nada y el tiempo es un aliado siempre porque Dios es el Señor del tiempo».

Para ilustrar cómo debe configurarse la labor pastoral en una sociedad pagana, el ponente recurrió a la imagen bíblica del grano de mostaza, que tiene diversas dimensiones, aplicaciones en el discipulado pastoral y manifestaciones en la vida comunitaria. Os animamos a ver el vídeo de la charla para descubrir cada una de esas dimensiones.

Por otro lado, Fulgencio Espa enfatizó que la transmisión de la fe requiere «plerofonía» (plenitud de sentido y convicción) y la enseñanza explícita de la oración contemplativa: «El fruto se distingue del rendimiento en que deja estupor, porque no es proporcionado… El anuncio, para ser completo y fiel, necesita ir acompañado de signos, palabras y plena convicción (‘plerofonía’). Y en el camino del discipulado, enseñar a orar y recuperar la adoración eucarística —un binomio de respeto e intimidad— resulta del todo cautivador para el hombre de hoy».

Consideró Espa Feced que los frutos verdaderos de la gracia siempre «superan» las previsiones metodológicas e insistió en la «centralidad» de la Adoración Eucarística: hay que homentar espacios de encuentro íntimo con el Señor que broten y reconduzcan siempre a la celebración de la Eucaristía.

Tras las tres intervenciones, se inició un interesante diálogo entre el moderador, Fernando Mañó, y los tres ponentes que os animamos a ver el canal de YouTube de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer.

La XXVII edición de los Diálogos de Teología dejó una huella de renovada esperanza. Lejos de dejarse llevar por el desánimo ante la complejidad cultural del cambio de época, las ponencias demostraron que este tiempo convulso es un momento privilegiado para el Evangelio. Cuando la comunidad cristiana ofrece una acogida humana transparente, articula itinerarios catecumenales profundos y cultiva una pastoral generativa guiada por la paciencia y la gracia, la fe vuelve a manifestarse como lo que siempre ha sido: un encuentro vivo, fascinante y transformador con Jesucristo resucitado.