La Cátedra de Misionología de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer – UCV y Obras Misionales Pontificias organizaron la conferencia San Luis Bertrán, misionero: un testimonio que nos desafía hoy, con motivo de la celebración del Domingo Mundial de las Misiones (Domund) 2026, que este curso ha cumplido los 100 desde su instauración.

El ponente fue Fr. Germán Pravia Silvera, OP, profesor de la Facultad de Teología de Valencia, doctor en Teología por San Esteban de Salamanca y maestro de estudiantes en el Real Convento de Predicadores de Valencia.

La charla tuvo una especial relevancia porque en Valencia estamos conmemorando el quinto centenario del nacimiento de san Luis Bertrán (1526-1581), fraile dominico que ejerció como misionero en América (en el actual territorio de Colombia) entre 1562 y 1569. Es reconocido como patrono de Colombia.

El acto, que se celebró el 15 de octubre de 2026 en el Aula Magna de la sede Trinitarios – UCV, se abrió con la oración del Ángelus y la presentación del profesor Mariano Ruiz, director de la Cátedra de Misionología, que subrayó el perfil polifacético del ponente y su trayectoria docente, de acompañamiento espiritual y de evangelización.

Los santos como «teología vivida»

Al abordar la figura del patrono de Colombia desde una institución teológica académica, Fray Germán Pravia aclaró que no se trataba de una mera evocación piadosa, invocando el pensamiento de Hans Urs von Balthasar: «¿Por qué nos proponemos ahondar en la figura de San Luis Bertrán desde una facultad de teología? No se trata simplemente de una justificación piadosa, sino que, como afirma Von Balthasar, los santos son teología vivida, y por eso podemos estudiar y aprender teología en esa vida teologal que acontecía en ellos».

El ponente remarcó que esta doble efeméride brinda una oportunidad idónea para adentrarse en sus siete años de labor misionera ad gentes en tierras de la actual Colombia (1562-1569).

Claves históricas y detonantes de la vocación misionera

La vocación de Fray Luis Bertrán se forjó en un entramado de tres grandes condicionantes del siglo XVI: en un primer lugar, la reforma de la Orden de Predicadores, liderada en Valencia por Fr. Juan Micó. Promovía el retorno a la observancia regular y al fin primario dominicano: la predicación para la salvación de las almas.

Germán Pravia recordó que este movimiento estaba imbuido de un intenso ascetismo que albergaba no solo el celo evangelizador, sino también «el deseo de martirio» frente a las noticias de las nuevas tierras.

Un segundo condicionante fue la «cuestión morisca»: La compleja tarea de catequizar a los moriscos bautizados tras las Germanías en el Reino de Valencia, empeño en el que Fray Luis Bertrán participó activamente.

La evangelización de América y el sistema de encomiendas es el tercer condicionante que marcó el espíritu misionero del santo valenciano. Explicó el ponente cómo la entrega de mano de obra indígena a los encomenderos, a cambio de la manutención, derivó en graves abusos y violencia. Aunque la Controversia de Valladolid (1550-1551) intentó legislar la encomienda y evitar los abusos, Bertán constató «la diferencia entre lo mandado y lo cumplido».

A estos condicionantes principales se sumaron acontecimientos concretos que impactaron la sensibilidad de San Luis: el desembarco en 1560 de galeras árabes en la costa valenciana para exigir rescates —ante lo cual el santo «se preguntaba cómo era posible que los árabes pusieran más empeño en hacer botín y cautivar fieles que el que los cristianos ponían en llevar el nombre de Jesús entre los infieles»—, la llegada de un nativo americano que se hizo pasar por fraile en el convento valenciano, y la llamada del Capítulo General de 1561 solicitando 30 frailes voluntarios para Nueva Granada. Bertrán fue uno de esos voluntarios.

Entrega pastoral y cercanía a los indígenas (1562-1569)

Tras desembarcar en Cartagena de Indias en julio de 1562, San Luis Bertrán fue destinado a diversas zonas rurales: Zipacuá, Uciacuri, Tubará, Santa Marta, Tenerife… Fr. Germán Pravia resaltó cómo los testigos de los procesos de beatificación describían su vida austera en chozas de doctrinero, su dedicación a la catequesis, el bautismo de recién nacidos y la asistencia a los enfermos y moribundos, quienes le buscaban «por el gran consuelo que recibían de las palabras con que les animaba en aquel trance».

Asimismo, se destacaron anécdotas como su costumbre de sacar de la manga, en medio de sus sermones, «un crucifijo que para tal ministerio traía siempre», su milagrosa supervivencia tras ingerir veneno para lograr la conversión de un cacique, o su absoluta sobriedad moral: «No tenía vicio ninguno ni juego», afirma un testigo.

Cuando en 1568 fue elegido prior del convento de Santa Fe de Bogotá, el santo manifestó su jerarquía de valores al acatar la orden: «Yo no vine a buscar prioratos porque estimo más la conversión de un indio que cuantos honores impuestos tiene la iglesia de Dios, pero es fuerza obedecer».

Afirmó Pravia Silvera que el impacto entre los nativos fue insólito: más de 400 conversiones en zonas donde otros no lo habían logrado. Los indígenas le llamaban entrañablemente «el padre de Dios» y afirmaban de él: «este fray es bueno porque hace lo que nos dice». Décadas después de su marcha, en Tubará seguían encomendándose a sus oraciones.

Motivos del impacto: integración humana y denuncia de la inju

sticia

El ponente explicó con claridad las razones del éxito pastoral de San Luis Bertrán en tres dimensiones integradas:

  1. Intensidad e integración vital: Lo que parecía sobrehumano reflejaba que toda su humanidad estaba volcada a la misión. Fray Germán destacó su equilibrio relacional, el dominio de su afectividad y su austera relación con el cuerpo: «comía como un pájaro, de suerte que parecía que de milagro se sustentaba».
  2. Defensa profética y rectitud en el trato: Bertrán actuó como mediador y defensor de los indígenas frente a los capataces abusivos, realizando correcciones fraternas con profunda caridad. Las declaraciones de la época recogen la conmovedora súplica del santo ante las faltas no enmendadas de los encomenderos: «Decía vuelto a Dios: «Señor, llévame a morir a Valencia»; y decían los tales reprendidos que aquellas palabras le pasaban el corazón y que, por no perderlo y enojarlo, se enmendaban». Entre sus gestos proféticos figura el célebre episodio en el que hizo brotar sangre al estrujar un trozo de pan de maíz en casa de un encomendero, denunciando el sufrimiento indígena que financiaba dicho alimento.
  3. La Gratia Praedicationis: La docilidad al Espíritu Santo y la gracia dominicana de la predicación por la que «los muy empedernidos corazones se ablandaban con sus avisos y palabras santas».

En 1569, tras siete años de misión, san Luis Bertrán retornó a España por obediencia a sus superiores. No obstante, los testimonios históricos y la propia ‘Bula de Canonización’ del Papa Clemente X confirman que el factor decisivo de su vuelta fueron los profundos escrúpulos de conciencia ante la opresión sistemática que sufrían los indios por parte de los gobernantes, la cual «no pudiendo embarazarlo ni sufrirlo, conseguida la licencia se volvió a España». Su correspondencia con San Bartolomé de las Casas alimentó dicha inquietud moral.

De ahí que, con profunda humildad, cuando en su vejez le preguntaban en Valencia por sus años en América, el misionero solía responder únicamente que «lo único que recordaba de aquello eran sus pecados».

Tres lecciones misioneras para el siglo XXI

A modo de síntesis, Fray Germán Pravia O.P. extrajo tres grandes desafíos del legado bertraniano para la Iglesia actual:

  • Corresponsabilidad evangelizadora: recordando el decreto Ad Gentes del Concilio Vaticano II, el ponente cuestionó si «¿no podríamos inspirarnos en San Luis para responder también en nuestro complejo mundo de hoy con una entrega íntegra total como la suya al desafío de llevar la buena noticia más allá de nuestras diversas fronteras etarias, culturales, sociales?».
  • La misión como identidad: superar el reduccionismo funcional de la misión. «La misión no es solamente una acción, es ante todo una identidad… es vivir desde Otro con mayúscula para los otros, donde todo lo que vive y hace forma parte de una predicación porque somos misión».
  • Afectividad teologal en las relaciones: una caridad entendida según Santo Tomás de Aquino, como amistad con Dios, que busca el bien auténtico de cada persona sin discriminación de raza, estatus o género.

Germán Pravia cerró su conferencia evocando una célebre máxima de Plutarco: «La mente no necesita que la llenen como una botella, sino más bien como leña necesita de una chispa que la encienda e infunda en ella el impulso de la búsqueda y un amor ardiente por la verdad».

El ponente expresó su deseo de que la memoria de San Luis Bertrán sea hoy «esa chispa que nos invita a todos a más buscar y a más amar».